Reflexión que pretende ser colectiva sobre el fenómeno de los movimientos armados en México. Su vigencia, su anacronismo, su necesidad.

Tuesday, December 19, 2006

Guerrillas mexicanas modernas

Las guerrillas mexicanas de los años 90 y 2000 están vivas y actuantes, aunque parece que no tienen gran soporte popular -parece-. Aun así, hay quien considera que no hay mucho qué hacer por la vía institucional ni democrática; que el cambio social y económico en México está cancelado por la vía pacífica.

La línea de continuidad de las guerrillas campo-ciudad-campo es clara incluso en nuestros días, en los que los principales o más visibles movimientos alzados en armas no se encuentran en los grandes centros urbanos, sino que siguen estando en las áreas rurales de estados como Guerrero, Chiapas, Oaxaca, Puebla y los cinturones de miseria que rodean a las principales ciudades del país.


Pese a los avances en materia electoral y a que politólogos analizan la transición a la democracia mexicana como paradigmática en América Latina, el hecho es que el acceso a las urnas no ha sido suficiente para garantizar equidad y justicia social y amplias capas de la población en situación de pobreza no se sienten representadas por los partidos políticos. Hay quienes siguen tomando las armas en el país, fundamentalmente en el área rural, para hacerse escuchar. Equivocados o no en sus procedimientos, existen; no han dejado de estar.


Militantes de lo que fueran en los años 70 las Fuerzas de Liberación Nacional –cuyo eje fueron los hermanos Germán y Fernando Yáñez-, fieles a su creencia de que lo mejor era construir una base social antes que lanzarse a la lucha armada, se implantaron silenciosamente por estos años en la Selva Lacandona de Chiapas, trabajando con mucha paciencia, integrándose a las bases indígenas tzotziles y tzeltales, haciendo trabajo social y de adoctrinamiento junto con los catequistas de la zona, con marcada influencia de la teología de la liberación. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) estaba en formación.

La crisis de las ideas socialistas tras la caída de Muro de Berlín y los procesos de glasnot y perestroika en la Unión Soviética encabezados por Mijail Gorbachov, a principios de la década de los noventa descontinúa gran parte del bagaje ideológico heredado de las revoluciones socialistas de los sesenta, sobre todo de la cubana. El mundo abrazó el capitalismo global con fruición y el Che Guevara se volvió icono mercadotécnico. En las míseras sierras del sur y sureste mexicano la idea revolucionaria persistió y persiste, en tanto las condiciones de vida de los pueblos indígenas no se benefician de la apertura de México a las corrientes globales de comercio o de los avances conseguidos en materia electoral.

En enero de 1994 –coincidiendo con la puesta en vigor del Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá- el Ejército Zapatista de Liberación Nacional salió a la luz pública con la toma militar de San Cristóbal de las Casas, Ocosingo, Altamirano, Las Margaritas y Comitán, en el estado de Chiapas. Enfrentó al Ejército mexicano y lanzó la Primera Declaración de la Selva Lacandona con un "¡Ya basta!", de parte de los campesinos indígenas de esa zona del país para pedir, entre otras cosas, trabajo, tierra, techo, alimentación, salud educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz. Encabezó la parte militar el Subcomandante Marcos, quien es miembro de la dirigencia indígena.

El enfrentamiento armado con el gobierno duró diez días, después de los cuales el presidente Salinas de Gortari decretó un cese al fuego unilateral y nombró a un hombre de todas sus confianzas, Manuel Camacho Solís, como su representante para dialogar con los rebeldes, al tiempo que sugirió que el obispo de San Cristóbal, Samuel Ruiz, fuera el mediador de las pláticas que iniciaron en febrero. En agosto el EZLN convocó a la sociedad civil a participar en la Convención Nacional Democrática (CND), a la que asistieron siete mil delegados de todo el país.

El 9 de febrero de1995 el gobierno federal, ahora encabezado por el presidente Ernesto Zedillo lanzó una fallida ofensiva militar contra el EZLN, que culminó con una iniciativa de diálogo aprobada por el Congreso de la Unión. En agosto de ese año, los zapatistas convocaron a la sociedad civil a una Consulta Nacional por la Paz y la Democracia, para conocer cuál era el futuro deseado para la lucha con el EZLN.

"Cuando la consulta dice: 'transfórmense en fuerza política para luchar', entonces pues tenemos qué hacer eso", dijo el Subcomandante Marcos, quien así definió el futuro de su organización a partir de esta especie de referéndum popular, que sirvió, de paso, para romper cualquier tipo de relación con otros grupos guerrilleros. En efecto, Marcos refiere que al interpretar el resultado de la consulta como un llamado de la sociedad civil a luchar por medios pacíficos, entonces tuvieron que acabar con los contactos que tenían con otros movimientos armados del país. Aun así, formalmente, hasta la fecha, los zapatistas no han declarado la paz el gobierno federal.



El EZLN no realizó posteriormente ninguna acción militar y sí, en cambio, negoció con el gobierno –con intermediación de la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa), del Congreso de la Unión- reformas constitucionales sobre derechos y cultura indígena, plasmados con los Acuerdos de San Andrés. En 1996, el EZLN se convirtió en un símbolo mundial de los movimientos altermundistas y convocó al Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo, con la participación de más de cinco mil delegados provenientes de 42 países.

Dos años más tarde, el gobierno federal volvió a atacar militarmente territorio zapatista, cuando en abril de 1998 usó la violencia contra sus municipios autónomos y desmanteló el de Ricardo Flores Magón y agredió el de Amparo Aguatinta. Aun así, el EZLN continuó su diálogo con la sociedad civil.

El EZLN emprendió en febrero de 2001 la Marcha del Color de la Tierra, que viajó por todo el país, e incluso llegó al Distrito Federal y habló ante el pleno de la Cámara de Diputados, para impulsar los acuerdos de San Andrés Larráinzar mediados por la Cocopa. Todo fracasó, sin embargo, cuando el 25 de abril de ese año, el Senado de la República -con el voto del PRI, PAN y PRD- aprobó una reforma indígena que desconocía los acuerdos con el EZLN, por lo que la organización suspendió su comunicación con el gobierno.

En el año de 2003 la comandancia zapatista anunció la desaparición de sus células de organización política denominadas Aguascalientes y creó los Caracoles y las Juntas de Buen Gobierno, como formas alternas de auto gobierno y de reorganización de su estructura político-militar. Después de dos años de ostracismo, en 2005, el EZLN emitió la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, en la que volvió a convocar a la sociedad civil a construir un Programa Nacional de Lucha y de una Nueva Constitución impulsada por un recorrido nacional denominado "La Otra Campaña", en alusión a las campañas electorales que ya se estaban organizando en el país rumbo a las elecciones de 2006.


El mensaje del Subcomandante Marcos (ahora autonombrado Delegado Cero) es a derrocar al mal gobierno, pero por medios pacíficos, mediante la fuerza de la sociedad civil. Llama a no votar por ningún partidos político, ni siquiera por los candidatos de la izquierda agrupados en el Partido de la Revolución Democrática, y sí mejor a construir un nuevo país, con otras leyes, dictadas por los campesinos, los indígenas y los trabajadores. Convoca a la transformación pacífica del país, para que los trabajadores tomen el control de los medios de producción.


Los grupos activos


Por lo que respecta a los otros guerrilleros, los herederos directos de las luchas campesinas de Guerrero y Oaxaca persistieron en su lucha armada. En 1980, lo que quedaba del Partido de los Pobres se fusionó con el Partido Revolucionario Obrero Campesino-Unión del Pueblo y crearon el PROCUP-PDLP.

Permanecieron haciendo activismo en las sierras de Guerrero y Oaxaca, con ramificaciones urbanas esporádicas, una de las cuales secuestró, en agosto de 1988, al empresario Jorge Sekiguchi; hecho por el cual fueron detenidos, dos años después, Ana María Vera Smith y Edgar Canseco.

En mayo de 1994, el PROCUP-PDLP se fusionó con otros grupos revolucionarios más pequeños y adquirió el nombre de Ejército Popular Revolucionario (EPR), que como una de sus primeras acciones secuestró al banquero Alfredo Harp Helú.


El EPR reivindica su estrategia de "guerra popular prolongada", a partir de la construcción de un partido proletario que sea la vanguardia de la lucha armada revolucionaria. No renuncia al lenguaje socialista propio de los años 70 y establece parámetros ideológicos rígidos, que lo separan de la estrategia "neo-zapatista" de construir primero la base social y después, al final, un gobierno dirigido, no por el EZLN, sino por trabajadores y campesinos.

La historia parece ser cíclica y el país no avanzar. El 28 de junio de 1995 Guerrero se volvió a estremecer con una nueva matanza, ahora ésta ordenada por el gobernador Rubén Figueroa Alcocer, hijo precisamente del ex gobernador del mismo nombre que reprimió a comunidades y activistas vinculados con Lucio Cabañas. En esta ocasión, en el vado de Aguas Blancas, fueron emboscados campesinos de la Organización de Campesinos de la Sierra del Sur (OCSS) que se dirigían a un mitin político a Chilpancingo. Murieron 17 de ellos y la base social del EPR creció. Un año después este grupo armado apareció públicamente, en lo que políticos del centro del país calificaron como una pantomima.

Durante dos años, el EPR realizó acciones armadas de propaganda, emboscadas a unidades del Ejército en las sierras de Guerrero y Oaxaca. La OCSS y los indígenas de los Loxichas, denunciaron entonces persecución, torturas y violaciones a los derechos humanos como en los años 70, con el pretexto de la lucha contra la guerrilla.

La organización asegura que para el inicio de 1998 sus fuerzas han provocado la baja de 41 oficiales del Ejército. Su rigidez ideológica, sin embargo, le provoca ese mismo año serias escisiones, una de las cuales se convierte en el Ejército Revolucionario del Pueblo Indígena (ERPI), que dice tener representación en 76 municipios del estado de Guerrero, donde cuentan con dos columnas de milicianos en cada uno.

Esta escisión, el ERPI, chocó con el Ejército el 7 de junio de 1998 en El Charco, Guerrero, con un saldo de 11 muertos y 22 detenidos, entre ellos la estudiante Ericka Zamora y Efrén Cortés. La violencia continúa.

Para entonces, los cuerpos de inteligencia y seguridad nacional también progresaron para hacer frente a brotes revolucionarios. Las tarjetas escritas a máquina de escribir mecánica de Nazar y la DFS fueron sustituidas por poderosos software con bancos de datos que cruzan al instante miles de datos. Se importaron estrategias como la "guerra de baja intensidad", con la que se mantiene vigilancia e intimidación en las zonas potencialmente conflictivas.

El gasto militar se incrementó después del levantamiento zapatista. Según el Banco Mundial el Estado mexicano sextuplicó el valor de las importaciones de armamento y equipo bélico desde el alzamiento en Chiapas y hasta el año 2006. El dato contrasta con la tendencia de los demás países de América Latina, cuyas adquisiciones bélicas fueron a la baja.

Los motivos de la lucha también se han diversificado. En mayo de 1999, en la Comunidad de Pizotla, fueron detenidos los campesinos Rodolfo Montiel y Teodoro Cabrera cuando 43 soldados adscritos al 40 Batallón de Infantería entraron disparando al pueblo que incomunicaron durante cinco días, mientras torturaban a los dos campesinos. Montiel, fundador de la Organización de Campesinos Ecologistas de Guerrero de la Sierra de Petatlán y Coyuca de Catalán (OCESP), y Cabrera fueron acusados de portar armas de uso exclusivo y de sembrar marihuana.

Si bien las acciones emprendidas por esta organización iban encaminadas a detener la tala ilegal e inmoderada en la sierra guerrerense (sobre todo a partir de una concesión que hace Rubén Figueroa a la maderera norteamericana Boise Cascade), y su discurso, por tanto, está centrado en la temática ambiental –la devastación de los recursos naturales se suma de manera inevitable a los factores de pobreza y a las viejas relaciones entre caciques y militares en la región-, la detención y tortura de los dos campesinos se convirtió en un caso paradigmático que dio literalmente la vuelta al mundo y que puso de manifiesto, nuevamente, acciones castrenses que involucran a militares con detenciones ilegales y tortura, ahora contra grupos que reclaman la protección y apropiación de los recursos naturales.

El caso es muy importante porque, sin haber guerrilla de por medio, nos advierte sobre lo que probablemente será una de las banderas de lucha más radicales en las próximas décadas de los campesinos mexicanos: los bosques, el agua, los suelos todavía fértiles se van convirtiendo en el último resquicio de sobrevivencia para las comunidades indígenas y rurales, pero también en un enorme coto de poder económico con alcances corporativos trasnacionales.

A finales de 1999 la Secretaría de la Defensa Nacional reconoció en su circular 035/99 la existencia de 16 grupos guerrilleros con presencia nacional, "con un presumible respaldo de 30 mil personas integradas en 167 organizaciones políticas y sociales". Este reporte admitía la existencia de grupos como el EZLN, EPR y ERPI. El Comando Armado Revolucionario del Sur (CARS), en Guerrero; Comando Indígena de Liberación Nacional (CILN), en Oaxaca; Ejército de Ajusticiamiento "Genaro Vázquez"; Ejército Clandestino Nacional (ECN), en Chihuahua; Ejército Insurgente de Chilpancingo; Ejército de Liberación del Sur; Ejército Popular de Liberación José María Morelos. También cita al Ejército Revolucionario Insurgente (BC, Sonora, Coahuila y Durango); Fuerzas Armadas Clandestinas de Liberación Nacional (Oaxaca); Fuerzas Armadas de Liberación para los Pueblos Marginados; Movimiento Popular Revolucionario; Ejército Popular Mayorista.

¿Son en verdad todos los que son y todos los que están?, ¿hay grupos "de papel" creados por el gobierno?

En el año 2000 apareció, además, un nuevo grupo, las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo (FARP), que se manifestaron en algunas acciones de propaganda más espectaculares que efectivas, en poblados de Morelos y Michoacán , y no tiene enfrentamientos con el Ejército. A las FARP se les responsabiliza de detonar, en agosto de 2001, unos petardos en tres sucursales de Banamex del Distrito Federal, hecho por el cual son detenidos como presuntos responsables los hermanos Héctor, Alejandro y Antonio Cerezo Contreras.

Entre diciembre de 2000 y febrero del siguiente año dos nuevos grupos guerrilleros hicieron su aparición en el país: Tendencia Democrática Revolucionaria-EPR, otra escisión precisamente del EPR; y el Ejército Villista Revolucionario del Pueblo (EVPR). En mayo de ese año, la llamada Coordinadora Guerrillera Nacional José María Morelos anunció la integración del Comité Clandestino Revolucionario de los Pobres-Comando Justiciero 28 de Junio, al lado de los ya integrantes: las FARP y EVPR.

Los grupos guerrilleros activos, diferentes al EZLN, no cimbran al país ni derrumban los mercados, pero permanecen, continúan. Atravesaron todo el sexenio del presidente Ernesto Zedillo con acciones relativamente modestas, lo que hace pensar en un repliegue táctico que les permitió hacer acopio de recursos, armas y base social. No se sabe cuántas de las acciones urbanas de delincuencia común, secuestros o asaltos a bancos de la época, han sido, en realidad, expropiaciones guerrilleras.


Al iniciar su gobierno, en los albores de 2001,Vicente Fox informó a legisladores federales del PAN que su gobierno estaba investigando entre 300 y 400 personas ligadas a grupos subversivos, y reconoció que estas organizaciones ameritan un tratamiento distinto al que se tiene con el EZLN. "Señaló que estas células, ubicadas en varios puntos del territorio nacional, y específicamente en cinco estados, son preocupantes porque no se sabe cómo y cuándo van a actuar. Las calificó, sin mencionar a ningún grupo en particular, como "células pequeñas", cuyas acciones sólo tienen como fin llamar la atención".

A finales de 2002, analistas pedían no subestimar a los movimientos armados en el país. El periodista Raymundo Riva Palacio apuntaba que, según información a la que tuvo acceso, la presencia de estos grupos abarcaría "dos corredores y un eje de alta peligrosidad. El primer corredor es el histórico, que abarca Guerrero, Oaxaca, Puebla y llega a Chiapas; el segundo se ubica en La Huasteca, en cuyas tierras ha concentrado esfuerzos el EPR, pese a haber nacido en la otra costa del país. (...) De acuerdo con los informes obtenidos, (en todo el país y sumando todos los grupos) existe ya un ejército guerrillero de aproximadamente 5 mil personas, con la característica de que hay contingentes numerosos de niños, jóvenes y mujeres".

Para agosto de 2005 el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) reconocía que en el territorio mexicano cinco grupos armados "pueden afectar la paz social y la seguridad nacional": encabezados por el Ejército Popular Revolucionario (EPR) y sus cuatro escisiones: Partido Democrático Popular Revolucionario, Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente, Ejército Villista Revolucionario del Pueblo y las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo.

A reserva de corroborar las cifras sobre el número de efectivos militares y el tamaño de su base social, el hecho de que organizaciones como el EZLN y el EPR -con todas sus escisiones-, se mantengan activas y que en el país se perpetúen rezagos abismales en materia democrática, económica y social, le dan a la historia de la guerrilla en México una vigencia que debe ser analizada y comprendida para poder en erradicar las causas que le dan origen, no con medidas militares, sino con auténticas acciones de justicia social.


En un texto publicado el 13 de noviembre en el periódico El Universal, el periodista Juan Veledíaz publicó una rápida y breve historia del EPR y sus escisiones:

A partir de 1994, luego de la irrupción del EZLN, la Defensa Nacional y el Cisen identificaron varios grupos que reactivaron sus células clandestinas para reaparecer como guerrilla unificada. En una serie de notas periodísticas aparecidas en aquellos años compiladas y analizadas por el politólogo y especialista en movimientos armados Jorge Lofredo en su estudio La guerrilla mexicana, de la unidad a la ruptura, se registraron los grupos y organizaciones encabezados por el PROCUP-PDLP que se unieron para constituir el EPR: el Ejército de Liberación de la Sierra del Sur, el Movimiento Popular Revolucionario, los Comandos Armados Mexicanos, las Brigadas Obreras de Autodefensa, la Organización Revolucionaria Armada del Pueblo (ORAP) y la Unión de Comandos Revolucionarios, entre otras.Entre 1998 y 1999 se conocieron las primeras rupturas al interior del EPR, de las que surgieron el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI) y las citadas FARP, las cuales junto a otras organizaciones de presencia regional como el Ejército Villista Revolucionario del Pueblo (EVRP) y el Comando Justiciero 28 de Junio (CJ-28) crearon en el año 2001 la Coordinadora Guerrillera Nacional José María Morelos y Pavón (CGNJMM).

El ERPI es considerado como la primera ruptura importante al interior del EPR, que se concretó en enero y junio de 1998. “Se diferencian del eperrismo por la estrategia insurreccional que proclaman y la cercanía con pueblos y comunidades, impulsando la toma de decisiones de las bases para realizar acciones militares. Proyectaron contactos con organizaciones sociales para garantizar su seguridad y, a la vez, una mayor penetración erpista en sectores no clandestinos ni armados; y también es el grupo con mayor cercanía ideológica con el Ejercito Zapatista. Señalan que el proceso de dispersión del EPR marca la tercera generación de la guerrilla mexicana”, escribe Lofredo.

El ERPI fue en la práctica anulado por la Policía Federal Preventiva cuando en 1998, luego de una serie de acciones armadas, fueron detenidos Jacobo Silva Nogales, alias comandante Antonio, y Gloria Arena Agis, comandante Aurora, quienes fueron recluidos en una cárcel de alta seguridad y sentenciados a 50 años de prisión.La ruptura de las FARP con el EPR data de 1998; sus acciones militares son mínimas en esos meses pues sólo se dedicaron a realizar actos de propaganda armada en Puebla y Morelos como paso previo a su presentación pública en Xochimilco en el año 2000.

Su estrategia continuó pero ahora en los estados de Guerrero y Oaxaca. En mayo de 2001, agrupado junto con el EVRP y el CJ-28 como Coordinadora Guerrillera Nacional, realizan un ataque armado a un retén policial en Acapulco, poco después de que se adjudicaran la autoría de los bombazos en Banamex.La cabeza visible del autodenominado Ejército Villista (EVRP) se hace llamar comandante Roldán, quien abandonó el EPR en febrero de 1999 y no es sino hasta diciembre de ese año cuando emitió, con estas siglas, su primer comunicado.

En esta organización confluyeron integrantes del autodenominado Comando Armado Francisco Villa y de la Organización Revolucionaria Armada del Pueblo (ORAP), agrupaciones consideradas fundadoras del EPR. Durante agosto y octubre de 1999, mes en que se conoce el primer escrito de la denominada Tendencia Democrática Revolucionaria (TDR), el comandante José Arturo rompe con la cúpula eperrista para estructurar esta nueva agrupación.

El antecedente del TDR se localiza al interior del EPR cuando era sólo una corriente de opinión, escribe Lofredo, pues anteriormente José Arturo junto a Francisco y Roldán ahora del EVRP, eran parte de la primera cúpula eperrista.El CJ-28 que irrumpió el 28 de junio de 1998, en el segundo aniversario de la masacre de Aguas Blancas, cuya fecha toman como distintivo, puede estar identificado, añade en su análisis el politólogo, como una escisión del ERPI, pues en sus comunicados aseguran existir de mucho tiempo atrás sin que se identifiquen como escisión del EPR, a quien no descartan en un futuro como posibles aliados.

Tras el proceso de ruptura al interior del EPR surgieron una serie de grupos cuyos orígenes no se vinculan de manera directa con esta guerrilla, de acuerdo con el estudio de Lofredo. Estas organizaciones son el Ejército Socialista Insurgente (ESI), el Ejército Revolucionario del Sureste (ERS), el Comando México Bárbaro (CMB), Ejército Justiciero del Pueblo Indefenso (EJPI), la Nueva Brigada Campesina de Ajusticiamiento (NBCA) y el Movimiento Revolucionario Lucio Cabañas Barrientos (MRLCB).

De estas organizaciones se conocen pronunciamientos y comunicados, los cuales se pueden consultar en internet (www.cedema.org), pero no hay registro de su participación en acciones armadas salvo las dos últimas, cuyos líderes se adjudicaron en unos comunicados la autoría de algunas de las explosiones del pasado lunes 6 de noviembre. Por estos días, hace ahora dos años, en noviembre del 2004 Tiburcio Cruz Sánchez fue ubicado en el poblado de San Juan Ixtayopan, en la delegación Tláhuac, por agentes de la PFP quienes lo tenían identificado de tiempo atrás en una casa de seguridad la cual presuntamente funcionaba como lugar de reunión para la comandancia del EPR.

La presencia policial fue aprovechada por los simpatizantes del grupo, quienes generaron el rumor de que los policías federales se querían robar unos niños, lo que llevó a que la población se enardeciera y los linchara.Con ese episodio como antecedente, el EPR sigue considerado por las autoridades como un grupo armado con capacidad de organización, movimiento y manejo de armas y explosivos.

Para la Secretaría de la Defensa Nacional, en respuesta a una solicitud de información, los grupos guerrilleros que operan en el país, después de la aparición del EZLN en 1994, son el EPR y sus seis ramificaciones: el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI), la Tendencia Democrática Revolucionaria del EPR (TDR-EPR), el Comando Justiciero 28 de Junio (CJ-28 de Junio), el Ejército Villista Revolucionario del Pueblo (EVRP), las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo (FARP) y el Comando Jaramillista Morelense 23 de Mayo (CJM-23 de Mayo).

De todos ellos, el más activo, al menos en comunicados y en pronunciamientos para adjudicarse acciones armadas, resulta ser la última escisión eperrista conocida como TDR-EPR.

Hasta aquí lo publicado por Veledíaz. La historia es repetida por otros periodistas, como Jorge Fernández Menéndez.

¿Es cierta del todo?, ¿hay más?, ¿se insistirá por esta vía el cambio en México?